
10/8/10
7/8/10
CRITICA BLOG CRITICA TEATRAL
Obra con dramaturgia y dirección de Verónica Mc Loughlin
La habitación, a su vez, está dentro de una casa. Alrededor de la casa hay sonidos. Pasan las horas del día y eso es gran parte de lo que pasa. Se oyen los ruiditos de la tarde, de la noche, de la mañana; la luz cambia, el cuarto respira como un personaje más. Adentro de la habitación hay silencio. Pero poco a poco ese silencio comienza a ser intervenido: además de la mujer, hay un hombre, el dueño de la casa. Si bien ellos entran y salen, la mirada se limita al interior del dormitorio, y es muy interesante cómo el espectáculo se construye prescindiendo de todo lo demás. La obra es lo que pasa allí, y también lo que no pasa: la intimidad de esa mujer, su recato, su entusiasmo secreto, su deseo contenido, lo que hace a solas, lo que hace cuando está él, lo que hace él mientras ella duerme. Y también el cuarto vacío cuando no están ahí.
El personaje masculino es el que trae a escena el resto del mundo; las imágenes del barrio, del pueblo, del resto de la casa. También es el que rompe el silencio, y la quietud; el que incorpora la materia (porque ella es tan ligera que cabe en una valija). El hombre irrumpe con su rudeza en ese pequeño universo íntimo que es ella, y lo que se produce en ese cruce fantástico es de una enorme ternura.
Como todo lo pequeño, este espectáculo administra con inteligencia cada recurso: las miradas, los gestos, sonidos, silencios, las palabras, los objetos. La economía de la puesta y de la dramaturgia, permiten poner en valor cada detalle, obligan a afinar la mirada. Detrás de las paredes de ese espacio, por fuera del tiempo del relato, se adivinan en los personajes dos universos intensos, que seguramente alcanzarían para escribir otras cuantas obras. Pero aquí se elige mirar desde las paredes quietas de un dormitorio, lo pequeño y cotidiano, la historia de un deseo que viaja adentro de una mujer, adentro de una valija; un deseo que está dentro de una habitación, y que allí se queda, hasta que se realiza.
Sol Lebenfisz
31/7/10
CRITICA DIARIO LA NACION
Historia mínima, como un beso
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Voto de silencio. La historia de un beso, de Verónica McLoughlin. Con Germán de Silva y Julia Muzio. Vestuario: Guadalupe Cuevas. Escenografía: Gerardo Porión. Producción: Marlene Nördlinger. Dramaturgista: Mariana Gianella. Iluminación: Matías Iaccarino. Diseño sonoro y música original: Manuel Toyos. Dirección: McLoughlin. En Elkafka, Lambaré 866. Domingos, a las 18.30. Duración: 55 minutos.
Nuestra opinión: bueno
En Voto de silencio. La historia de un beso se cuenta una historia mínima . Radicalmente, y eso en sí mismo es toda una apuesta que hay que reconocer, todo está puesto en las situaciones, en los mínimos gestos de los personajes y en la intimidad de dos seres cuyo encuentro se despliega entre un austero cuarto pueblerino. En medio de ese entorno, de ese voto de silencio marcado por la religión y los tiempos de la siesta, la autora reconstruye la historia de un beso.
Algunos pocos datos (unas fotos, alguna acotación dicha casi al azar, un recuerdo apenas bosquejado) dan las pistas de la prehistoria de estos personajes. Dos sujetos que, a priori, poco tienen que ver. El es un tipo tosco, casi sin palabras, acostumbrado a los trabajos manuales. A ella la domina su timidez, su juventud y su delicadeza, de ese tipo de delicadeza moldeada en la espiritualidad de un claustro religioso. Sin embargo, se atraen, aunque no sepan cómo expresárselo ni sepan cómo actuar ese deseo silenciado, ese deseo casi prohibido. Por esas zonas difusas (y sumamente inquietantes) circula Voto de s ilencio. La historia de un beso, escrita y dirigida por la actriz Verónica McLoughlin que se presenta en Elkafka.
El montaje cuenta con la actuación de Germán de Silva y Julia Muzio, intérpretes que se arriesgan a nadar las aguas de las simples cosas y de los mundos interiores con suma convicción y riqueza expresiva. A lo sumo, en el caso de Julia Muzio, por momentos el estado de alegría contenida de su personaje la hace transitar por cierta exaltación un tanto exagerada tomando en cuenta los medios tonos por los cuales opta la dirección en concordancia con ese texto.
Algo de ese desfase sucede con la puesta. La acción transcurre en el cuarto al cual el personaje masculino entra y sale varias veces. Todo sucede en un reducido espacio escénico con el público ubicado a poca distancia. Claro que tantas entradas y salidas, con los lógicos ruidos que se producen fuera del escenario, terminan desconcentrando. Así es como el cuidado puesto en la mínima palabra, en el mínimo gesto y en los mínimos elementos escenográficos pierde ese delicado equilibrio.
Cuando la apuesta se concentra en sí misma, es cuando se expande, crece e ilumina distintas posibilidades expresivas. Como en la escena en la que ella duerme en la valija (la misma imagen de la foto que acompaña este comentario) que posee una contundencia visual propia de una enorme carga poética.
Alejandro Cruz
2/7/10
Nota en Cheque en Blanco - Rock and Pop
| Voto de Silencio |
Por Marcelo Figueroa No saben lo que es besar a otra persona. No saben de besos. Ella es una novicia y el un hombre del interior, introvertido, solitario. Son los personajes de Voto de Silencio, una de las tantas obras de teatro que ofrece la cartelera porteña. Le dimos el Altavoz a su directora, Veronica Mc Loughlin. Podes ver Voto de Silencio los domingos a las 18.30 en el Kafka, Lambare 866. Escuchala. |
1/7/10
En el blog La diosa blanca de Ignacio Apolo
El domingo fui a ver VOTO DE SILENCIO –la historia de un beso, dramaturgia y dirección de Verónica Mc Laughlin, al espacio teatral Elkafka, Lambaré 866 (4862 5439)Una obra de teatro es –también- un acontecimiento sonoro. Kartun, maestro de dramaturgos, habla en metonimias musicales del oído de quien escribe obras. Rubén Szuchmacher, maestro de directores, tenía un ejercicio para sus discípulos: componer un acontecimiento escénico a partir de una matriz sonora (el caso que me recuerdo era una cinta grabada por el músico Edgardo Rudnitzky). Los clásicos escribían sus obras en verso; los antiguos, amplificaban con la máscara o “per-sona” la voz de los actores. El teatro suena y en él, el silencio es un silencio musical: un valor en el arte de combinar sonidos.
Una mujer silenciosa y recatada es huésped de un hombre solitario. El deseo, tenue, preciso, inocultable, ejerce un delicada presión sobre los hábitos.
Para lograr la expansión (y el interés) del gesto, decíamos, la obra propone el tiempo y el espacio de la fábula; sus personajes y elementos son de cuento: una valija antigua que remite a su arquetipo, el sonido del agua, el estruendo del tren –símbolo atronador del viaje-, la luz tenue, la ropa desclasada y los personajes literarios: el varón enérgico y ruidoso, y la seminarista silenciosa, quintaesencia del cuerpo inmaculado.
La pequeña e íntima platea de Elkafka llora, conmovida, por la pérdida de una inocencia renovada. Los personajes no son niños, pero es como si lo fueran. Ella no habla y luego habla: el quiebre de la expectativa beneficia el disfrute.
Consciente y temática, la obra exhibe su procedimiento poniéndolo en abismo: “contame un cuento” dice –casi por primera vez, como si recién aprendiera a hablar-, la mujer niña. Y él le cuenta el cuento de sí mismo, que la recibe. La reunión de elementos literarios y metateatreales, a mi juicio, permiten mover de foco la “naturalidad de la conducta”, amplificándola. Y es este leve movimiento lo que propone al tiempo y a los cuerpos su extraña tensión, esa por la cual hasta el espacio vacío, en los intrigantes momentos en que ni actor ni actriz están en escena, es habitado.
¿Cómo hablar del amor?, se pregunta desde el programa la autora y directora. Citando a Barthes, el amor es “esa región de enloquecimiento donde el lenguaje es a la vez demasiado y demasiado poco, excesivo y pobre”. No obstante, el lenguaje de Voto de silencio no tiene nada de excesivo, ni de pobre; más bien parece la exposición de una tesis sobre el punto justo, la virtud de lo preciso. Se acerca, por su brevedad y por el pequeño recorrido de su arco, a un ejercicio. Ejercicio aprobado: la secuencia del vestido puesto, en la que un solo gesto sobre la falda es repetido indefinidamente, lo expresa todo.
Mi conclusión es que Voto de silencio no se refiere al amor, que es impreciso, sino al gesto erótico depurado. Algo imposible –la obra completa de un gesto- o hollywoodense –el chico que salva a la chica y, tras cambiar el orden establecido, es recompensado por un beso-, aquí se tornan música y cuerpo, sin ser danza. Son cuarenta minutos, no más, de un gesto que no tiene tiempo. El encanto y la precisión transforman la mínima historia de un beso en una obra.
2/12/09
PREMIO S
15/10/09
En el blog Reseñas
MIÉRCOLES 14 DE OCTUBRE DE 2009
Voto de silencio. La historia de un beso
Dos personas, dos personajes, una meta: corroborar, por una vez al menos, que no sólo la tragedia conforma lo real. Lo bueno de este existir, aunque a veces cueste creerlo, también puede revelarse certero, palpable.
Voto de silencio. La historia de un beso se desenvuelve en un pequeño escenario que atestigua grandes distancias, acompañadas de un trabajo de sonido e iluminación verdaderamente destacable. La obra se escribe a sí misma y nos conduce hacia un final que todos imaginamos pero del que nada adelantamos; como un pacto tácito de silencio colectivo en defensa de una pequeña historia que vale la pena ser contada.
Recomendable.
Dramaturgia y dirección: Verónica Mc Loughlin
Elenco: Julia Muzio y Germán De Silva
Reservas: 4864-4230
Funciones: Lunes 20:30hs
Localidades: $20.- ($15 con descuento)
Contacto: votodesilencio@gmail.com
27/9/09
CRITICA BLOG CRITICUNDER
Voto de silencio, simplemente amor
Por: Miranda Trincheri (colaboradora)
26/9/09
CRITICA BLOG DE LA ESQUINA PELIGROSA

VOTO DE SILENCIO (LA HSTORIA DE UN BESO), de y dirigida por Verónica McLoughlin. Dramaturgismo: Mariana Gianella. Iluminación: Matías Iaccarino. Escenografía y Utilería: Gerardo Porión. Vestuario: Guadalupe Cuevas. Diseño Sonoro: Manuel Toyos. Intérpretes: Germán de Silva, Julia Muzio. Lunes a las 20.30. Brilla Cordelia!, reservas al 4864-4230.
Gustave Flaubert buscaba la palabra exacta para sus relatos. Uno de ellos, Un alma de Dios (o Un corazón simple, de acuerdo a la traducción que se disponga) tenía un personaje llamado Felicidad que no necesitaba grandes cosas para ser feliz: simplemente vivir su simple vida. VOTO DE SILENCIO no se parece a ese relato pero sí se parece a un cuento. Ana se irá de su claustro. Dobla la ropa con prolijidad y la guarda en una valija grande, tan grande que ella entra entera ahí. Llueve torrencialmente. Deja su libro de penitencia sobre una mesita, toma coraje, se mete en la valija y sólo le queda esperar. Al rato llega Eduardo con su capote mojado. Eduardo asegura el cierre de la valija y la carga tomando los recaudos del caso. Es un cargamento muy delicado, muy frágil. El lo protegerá en el tren. Se van Ana y Eduardo al bucólico paisaje del campo. Y se darán un beso.
En este bello espectáculo, uno de los más bellos que se ofrezcan hoy en Buenos Aires, otro es el tiempo que se respira. No hay apuro alguno para contarlo; cuando surjan las palabras algo tendrán para decir, pero hasta entonces muchas más cosas nos dirá la respiración de Ana. Dicen que nuestra respiración es la onomatopeya del alma o la prosodia del espíritu, y además es el aliento que nos impulsa a obrar. Y Ana tiene muchas cosas que hacer en esta obra, porque quiere ser feliz. Esta obra trata sobre la felicidad y plantea su tema a partir del pulso, con una mano extendida que quiere tocar su cuerpo y una mano que tiembla poniéndole lindo el pelo, con un discurso apasionado en el silencio, una canción de amor oculta en el costurero y dos gotas de perfume detrás de las orejas.
Con algunos movimientos la escenografía se va del claustro del convento al cuarto de un ranchito, con tenues cambios de luz la noche se diluye en la mañana, y con timbre preciso la lluvia, los pájaros, el tren, marcan la presencia del mundo. Pero en escena observamos algunas pinceladas del mundo interior de Ana y Eduardo, y si no necesitamos conocer mucho más de ellos es porque la esencia está a la vista: en VOTO DE SILENCIO no hay tristeza ni temor, sólo la inquietud que genera la alegría. Ana sueña con un vestido floreado y un pañuelo en la cabeza, rodeada de chicos; Eduardo recuerda la gente que camina rápido y medio perdida por el andén de la estación, como en una película. ¿Cuál de los dos es más frágil? Uno los ve vivir a Ana y Eduardo, como en ese pasaje de Un alma de Dios a Teodoro y Felicidad: “(…) y con el brazo izquierdo le rodeó la cintura; la muchacha andaba sostenida por aquel abrazo; acortaron el paso. El viento era suave, brillaban las estrellas (…) y los cuatro caballos, arrastrando los cascos, levantaban polvo. (…) El la besó otra vez. Ella se perdió en la oscuridad.”. El mayor triunfo como autora y directora para Verónica McLoughlin es expresar mucho, mucho más que lo que cuenta, y sacar de Germán de Silva la tosca dulzura de Eduardo y encarnar el alma de Ana en el cuerpo de la maravillosa Julia Muzio. Uno puede sentarse frente a otros y contar esta historia, y a medida que avance en el relato uno recordará ciertas imágenes y volverá a sentir la emoción que esas imágenes le causaron. Y será su historia más que la de Ana y Eduardo, cuestión que tan bien le va a los grandes cuentos, esos que se transforman en parte de nuestra propia vida.
18/9/09
En la revista Genero y Peronismo
Obra de teatro “Voto de silencio”
Los días lunes a las 20.30hs podemos hacer una cita con el teatro creado, interpretado y dirigido desde los jóvenes y para tod@s.
“Voto de Silencio” es una sucesión de climas y misterios de las reacciones del alma humana. La verdadera creación se da en el desarrollo de los personajes, muy distintos en sus vidas cotidianas, pero muy similares en el respeto que se profesan a sí mismos.
Una constante de nuestras vidas entre la pasión y la racionalidad, la duda y la audacia, el temor a lo nuevo, el punto de giro que hace de una decisión trascendente, la apertura a la conciencia de nuestro propio ser desvalido, en tanto necesita de otra mirada para ser confirmado.
De la incertidumbre a la confianza, en el camino de la búsqueda de sentido de sus propias vidas, el espectador se adentra en una trama gestual y de pausas, de iluminaciones y de cierres que lo remiten a la propia inocencia, al despertar, a las dudas sobre qué hacer con nuestra existencia, a la búsqueda de la autenticidad y finalmente a la rendición frente al amor.
Puesta donde las palabras tienen la misma y exacta densidad que los silencios. Cuántas veces experimentamos que “el silencio habla.”...cuántas veces el silencio dice más que las palabras...
La obra se encarna en un escenario ascético y al mismo tiempo cada elemento de la escenografía y de las luces hacen que nos sintamos en clima, que vivamos no solo cada día, en sus dimensiones, sino cada momento en su plenitud.
Para no perderla.
Reservas en el t.e 4864 4230
Raquel Gianella
En el blog Teatro de Trabajadores
Voto de silencio
Actúan: Germán de Silva y Julia MuzioEscenografíay utilería; Gerardo Porión
Vestuario: Guadalupe Cuevas
Iluminación: Matías Iaccerino
Dramaturgismo: Mariana Gianella
Asistencia de dirección : Pablo Osta
Dramatugia y dirección :Verónica McLoughglin
Web: http://www.votodesilencioteatro.blogspot.com
Se presenta los lunes a las 20:30 hs, hasta el 2/11/2009. Entradas: $20 descuentos $15. Reservas: 4864-4230
Esta es la historia de un beso, habita en una pequeña pero acogedora salita cerca del Congreso los días lunes a las 20:30 horas. Ya al llegar a la sala una grata sorpresa me invadió: un día de semana, por la noche, lluvioso, y habiendo tanto contenido “interesante en la tele”, el espacio estaba ampliamente concurrido de hombres y mujeres ansiosos de vivir la espectacularidad.
Ya habiéndome ubicado en mi silla noto que el espacio de respresntación está formado por una puesta de tipo realista, no muy sobrecargada de objetos.
Poco a poco empezamos a palpitar una historia de amor, que ya desde el incio presenta un juego de contrastes: él, un hombre de trabajo muy verborrágico, un poco bruto, servicial; ella una ex-novicia de pocas palabras, muy delicada y temerosa .
El planteo es simple: la huida, el fin de un pasado de soledad y silencio y el desencontrado comienzo de una relación, puesto en la carne de dos actores, que encaran su actuación desde un estilo realista, naturalista. Hay que destacar que desempeñan su rol de una manera muy certera; logran sostener la tensión de los silencios y emocionar con su vivencia; pero debo señalar que en varios momentos no se lo podía oír bien al actor.
La acción transcurre en un contexto atemporal y sin referencias concretas a la Argentina u otro país, apela a una puesta de luces que tiene un lugar de lujo en la operativa de la obra, genera los diferentes espacios, arma los climas y denota el paso del día, un recurso que me pareció muy explicativo en su repetición.
Para finalizar debo decir que es una apuesta de una directora joven muy recomendable de ver.
Leticia Salorio